Trigémino: mis noches de insomnio sin fin y sin razón

Trigémino: mis noches de insomnio sin fin y sin razón

Eran las 11:45 de la noche y llevaba casi cuatro horas sentado en la cama, mirando el techo con una mezcla de frustración e impotencia. La temperatura de la habitación era perfecta, pero yo estaba calenturiento como siempre. Mi mejilla derecha se había vuelto a doler y yo sabía que estaba comenzando un ataque nuevo. Ese día no fue uno normal. Tenía reunión importante para resolver un problema con una de las empresas clientes. Era el momento crucial, después de meses de trabajo de equipo, y me sentía listo y preparado. Pero ahora, sentado en la cama, me daba cuenta que mi mente ya había perdido el control. Esa noche era diferente. La última vez que habían sido tan fuertes los dolores fue hace tres semanas cuando tuve que subir de doscientos a trescientos miligramas de Carbamazepina para controlarlos de nuevo. Ahora, sentado en la oscuridad, me preguntaba si había sido un error subir la dosis tan rápido o si simplemente mi cuerpo no estaba respondiendo bien. La pregunta era: ¿Cómo iba a enfrentar la reunión de mañana con este dolor de cabeza? ¿Estaría funcionando al cien por ciento? ¿Sería capaz de concentrarme en lo que tenía que hacer?

El contexto

Mi vida cambió hace dos años cuando fui diagnosticado con neuralgia del trigémino. Aunque había pasado mucho tiempo tratando problemas dentales en la misma zona, ninguno de los médicos o especialistas había llegado a la conclusión correcta. La última muela que extrajeron no solo hizo que el dolor aumentara, sino que también me dejó con una presencia constante de dolores y descargas eléctricas en mi mejilla derecha. Fue entonces cuando una dentista experta en este tipo de problemas me dijo por primera vez que tenía trigémino. Me recetó Carbamazepina, pero yo decidí empezar con una dosis más baja, de cien miligramas tres veces al día. Funcionó durante casi dos años y puedo decir que fue un alivio. Pero hace poco tiempo los dolores regresaron y tuve que subir de nuevo a la dosis original de 200 mg tres veces al día. Estoy empezando a controlarlos, pero cada noche siento el miedo de no poder dormir o de sentir el dolor creciendo más fuerte.

El núcleo

Me sentí completamente perdido esa noche. Miraba fijamente la pared, intentando concentrarme en algo, pero mi mente estaba completamente atascada. El dolor comenzó a aumentar y yo podía sentir que mis células se estaban volviendo locas con cada descarga eléctrica que pasaba por mi mejilla derecha. No quería llamar a nadie, no quería pedir ayuda, simplemente me sentí abrumado. La tensión era insoportable y yo sabía que necesitaba algo para calmarlo. Pero lo que realmente necesitaba era una buena noche de sueño sin interrupciones. Algo tan básico, tan humano.

La consecuencia práctica

Esa noche mi trabajo sufrió, como siempre sucede cuando el dolor y la fatiga se unen. Tendría que encontrar formas de manejarlo mejor a partir de ese día, pero por ahora me sentí derrotado. Me di cuenta de que mis jefes ya estaban acostumbrados a verme cansado o con dolores, y eso no era solo el problema. También me daba cuenta de que mi vida había cambiado tanto desde que fui diagnosticado. No podía hacer todo lo que antes, no podía ser el trabajador que solía ser. Y aunque a veces quería desesperadamente volver a la normalidad, sabía que eso era imposible.

La tensión real

Esa noche me sentí como si estuviera viviendo una contradicción constante. Pese a saber qué necesitaba para sentirme mejor, mi cuerpo y mi mente se resistían a ceder. El dolor era una realidad y yo no podía hacer nada para controlarlo por completo. Sabía que mi trabajo sería un desafío en el futuro, pero no solo eso. Mi vida en general. Pero la noche de esa fecha marcó el inicio de algo nuevo: la aceptación de lo que soy en este momento, con todas las limitaciones y dolores asociados al trigémino.

El cierre honesto

Estoy sentado ahora mismo en mi habitación, escribiendo estas palabras. Mi mejilla derecha aún late con esos dolores eléctricos. Sé que hay muchos como yo, que también luchan cada día contra el dolor crónico, pero no sé cómo ayudarlos. Lo único que puedo hacer es contar mi historia, para que otros puedan entender que no estamos solos en este viaje. Pero eso es todo.

El peso de la rutina diaria

A medida que los años pasan, he aprendido a vivir con mi trigémino. Pero eso no significa que no haya momentos en los que me sienta como si estuviera encadenado a esta enfermedad.

El trabajo desde casa ha sido una bendición y una maldición al mismo tiempo. Me permite evitar el estrés del tráfico y la presión de las reuniones, pero también significa que estoy siempre disponible para lidiar con los dolores y la fatiga.

La relación con mi familia y amigos

No puedo decir que haya notado una gran diferencia en cómo se relacionan conmigo. Algunos de ellos ya saben qué es lo que estoy pasando, mientras que otros no entienden por completo la situación.

Pero hay algo que he notado y me parece fascinante: cuando estoy mejor, puedo ser más yo mismo y participo activamente en las actividades con los que disfruto. Sin embargo, cuando el dolor es intenso, me encierran en una especie de "modo sobrevivencia" donde solo priorizo lo básico.

El lado oscuro del control

A medida que he aprendido a manejar mi trigémino, también he descubierto el lado oscuro del control. He comenzado a ser más consciente de cómo la medicación afecta mi vida cotidiana y los altibajos de dolor me hacen sentir como si estuviera en una carrera constante contra mí mismo.

Me doy cuenta de que cada día no es el mismo, que tengo que adaptarme constantemente a las fluctuaciones del dolor. Y eso puede ser agotador.

El futuro y la incertidumbre

No sé qué me espera en el futuro. ¿Seré capaz de controlar mejor los dolores? ¿Cambiarán mi tratamiento o necesitaré adaptarme a algo nuevo?

Pero lo que sí sé es que no tengo una respuesta para estas preguntas y que estoy aprendiendo a vivir con la incertidumbre.

El peso del silencio

A veces me pregunto por qué nadie más habla sobre esto. ¿Por qué hay tantos misterios alrededor de la enfermedad crónica y el dolor?

Me doy cuenta de que mi silencio puede ser cómodo para algunos, pero también lo es para mí. No tengo la energía ni las palabras para explicar lo que siento.

El recordatorio constante

Este artículo es un recuerdo constante de todo lo que he pasado y estoy pasando. Me hace reflexionar sobre cómo he llegado a este punto y me obliga a considerar el futuro con más cuidado.

Es un recordatorio de que, aunque puedo escribirlo, no significa que ya lo haya superado o resuelto.

Más tiempo para mí mismo

He aprendido a encontrar momentos entre las palabras y los recuerdos. Puedo crear mis propias historias alrededor del dolor crónico e intentar hacer algo con eso en lugar de simplemente sufrirlo.

Pero también sé que el verdadero desafío está en mantener ese espacio para mí mismo, para explorar y descubrir qué más hay detrás del silencio y la oscuridad.

El regreso al presente

Me doy cuenta de que cada día es una oportunidad para volver a lo básico. Para enfocarme en el aquí y ahora, sin importar cómo se vea el futuro o qué ha pasado antes.

A veces esto significa aceptar que no hay soluciones sencillas y simplemente ser más paciente conmigo mismo.

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