Trigémino y su poder transformador en los días buenos
Me senté en el sillón de la sala a las 9:30 de la mañana del 15 de febrero, con mi café recién preparado y un trago de jugo de naranja. Llevaba tres días sin ataque de dolor trigémino. Ese día había planeado trabajar en mis reportes financieros pendientes desde casa, después de una semana larga de reuniones con clientes. El día anterior había comido una pizza italiana para desayunar, que era mi comida favorita, pero que ahora ya no puedo disfrutar sin sentir un peso extra por la condición trigémica. Tenía mis reportes financieros abiertos en el portátil y estaba tratando de enfocarme en el trabajo, pero lo que pensaba constantemente era: ¿y si el dolor regresa? ¿Qué hago entonces? Llevé mi café a la cocina para preparar un poco más de jugo de naranja. El sonido del frigorífico me distrajo, igual que siempre hace. **El contexto: cómo llegué a ese momento** Recuerdo los primeros síntomas como si hubieran sido ayer. Fue hace seis o siete años cuando comenzaron a dolerme las muelas su...