Trigémino: cuando mi cara me dice basta de sufrir

Eran las 7:45 de la mañana y llevaba exactamente tres días sin un ataque. Había decidido ir a correr al parque antes del trabajo, lo que había sido mi rutina durante años. Comí una taza de café y dos tostadas con mantequilla justo antes de salir. La idea era quemar unos kilos que me habían estado pesando desde la última visita al especialista. Pero justo cuando estaba calentando los músculos, noté un golpe eléctrico en el lado derecho de la cara. Un dolor que no reconocía como cualquier otro que hubiera tenido antes. A medida que ese día pasaba y me levantaba del escritorio para ir al baño o buscar información sobre mi condición, volvían las imágenes de mi vida desde hace dos años. La búsqueda de lo que parecían problemas dentales en el lado derecho, la pérdida constante de dientes, el dolor insoportable después de una extracción final. Me recuerdo pensando: "Si esta es lo que era un ataque de trigémino, entonces no es tan malo". Y, aunque me había quedado claro que mi condición no estaba relacionada con la muela extraída ni con mi boca en general, el especialista me dijo por primera vez: "Tienes trigémino." Y ahora volvía. El dolor que volvió tres semanas atrás fue diferente a cualquier otro. Fue como si una parte de mí hubiera estado esperando esa señal para recordarle que su trabajo no había terminado. **El Contexto: Llegada al Punto de No Vuelta Atrás** Me resulta difícil hablar del tiempo que llevó desde el diagnóstico hasta ahora. Eso es lo que me hace sentir un poco perdido cuando pienso en cómo estaba antes. Los problemas dentales habían sido algo familiar para mí, pero no era algo con lo que había aprendido a vivir. Había ido de especialista en especialista buscando una solución. Algunos dijeron que la pérdida de dientes era un problema normal a mi edad y otros que quizás debería considerar la opción de dentaduras postizas. Pero el dolor, siempre el dolor. Hasta que llegó el día después de extracción. Fue entonces cuando la especialista me dijo: "Tienes trigémino." Me recuerdo pensando que era lo peor, una condición incurable, algo a lo que no hay cura. Y sin embargo, al tiempo con la medicación todo parecía bajo control. Me acostumbré a la dosis de 100 mg tres veces al día como si fuera normal vivir así. Me sentía bien durante casi dos años, y solo pensaba en ese dolor cuando lo evocaba el recuerdo de la especialista que me dijo que era trigémino por primera vez. **El Núcleo: El Ataque** Me acuerdo exactamente cómo fue cuando volvió a empezar. Me desperté con un dolor repentino y agudo en mi mejilla derecha, justo al lado del ojo derecho. Fue como si una pequeña corriente eléctrica había pasado por el área. No era lo mismo que antes. El tipo de dolor que tenía siempre fue más un latido constante, pero este nuevo ataque parecía un martillazo insistente. Me levanté de la cama y me acerqué a mi nevera para buscar algo frío con qué frotar el área afectada. Me sentí desesperado. Quiero decir, en ese momento no lo supe cómo llamarlo, pero estaba claro que no era solo dolor físico. Sentía como si alguien estuviera gritándome: "Basta". Me sentí derribado alrededor de mi lugar de trabajo. Los días pasaban y yo apenas podía trabajar con la dosis baja. Y cuando subí a los 200 mg, fue como si el mundo se hubiera detenido. **La Consecuencia Práctica: Cambios en Mi Vida** Al principio pensé que era lo mismo que antes. Volvía a estar bajo control y solo necesitaba tiempo para acostumbrarme a la dosis de 200 mg tres veces al día. Pero no fue así. Me doy cuenta de que me he vuelto más cauteloso en mi rutina diaria, algo que me resulta difícil admitir ya que soy un tipo que siempre se ha caracterizado por su presencia en el trabajo y su capacidad para resolver problemas. Tengo una reunión con mis jefes para discutir mi nuevo papel dentro de la empresa. La verdad es que siento como si estuviera perdiendo mi identidad laboral, algo que nunca pensé que sentiría. Me recuerdo como alguien que era capaz de manejar el estrés del trabajo y a los clientes difíciles. Y ahora me doy cuenta de que no puedo hacerlo más. Me han permitido trabajar desde casa, lo cual ha sido una necesidad para mí, pero siento como si tuviera que dejar atrás algo de mí. **La Tensión Real: Lo Que No Resolví** Me resulta difícil admitir esto, pero el trigémino no solo me ha afectado físicamente. Me he vuelto más solitario y tengo un sentimiento persistente de pérdida. Siempre he sido alguien que valoraba su identidad en el trabajo y la capacidad para superar cualquier obstáculo. **El Cierre Honesto: Donde Estoy Ahora** Estoy en una situación difícil. Me cuesta admitir que mi vida ha cambiado tanto como lo ha hecho. Mi condición no se ha vuelto menos dolorosa, pero sí he aprendido a vivir con ella de una manera diferente. Me doy cuenta de que ya no puedo hacer lo mismo de antes y que eso es algo difícil de aceptar. Pero también estoy empezando a darme cuenta de que esta nueva realidad puede tener sus ventajas. Me resulta más fácil ser honesto sobre mis límites y no sentirme culpable por no poder superar cualquier obstáculo. No sé qué pasará en el futuro, pero lo único que puedo hacer es seguir adelante con esto. Y eso es lo que voy a hacer.

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