Trigémino: la electricidad en mi cara se vuelve insoportable

Eran las 8 de la mañana y había llevado seis días sin un ataque fuerte de dolor trigémino. Me sentía optimista, estaba a punto de salir a dar una caminata por el parque con mis gatos para disfrutar del clima soleado y refrescante. Después de un desayuno ligero de café y pan integral, me preparaba para enfrentar la semana que venía. Mi dentista había confirmado recientemente que mi trigémino se encontraba bajo control gracias a la medicación, pero sabía que nunca podía bajar la guardia. Esa tranquilidad no duró mucho, como siempre. Los primeros síntomas aparecieron alrededor de las 9:30 mientras me sentaba en el sofá para mirar mi teléfono. Un ligero hormigueo en la mejilla derecha que se transformó en un cosquilleo y luego en una sensación aguda, como un clavo clavado en la mandíbula superior derecha. Mi corazón comenzó a latir con más fuerza mientras trataba de ignorarlo, pero sabía que no podía hacerlo. **La electricidad en mi cara** Me levanté del sofá sintiendo una oleada de calor en la mejilla y un dolor agudo que se irradiaba hacia el ojo derecho. Mi mente comenzó a funcionar a toda velocidad mientras intentaba recordar qué había hecho mal, si había comido algo que no debería haber, si estaba cansado. Pero sabía que era solo la neuralgia del trigémino otra vez. Recuerdo cuando empezaron los problemas con mi mandíbula derecha hace siete u ocho años. Me fui de un dentista a otro buscando una solución para el dolor constante. Los análisis de rayos X y las extracciones no sirvieron de nada. Todos me decían lo mismo: "no es nada grave, solo un problema dental". Pero yo sabía que era más que eso. Fue mi último dentista quien finalmente me diagnosticó la neuralgia del trigémino después de una muela extraída en el lado derecho. Me recetaron Carbamazepina a 200 mg tres veces al día y por primera vez en años, comencé a sentirme mejor. Pero la realidad es que no puedo simplemente "mejorar" o "curarme". La neuralgia del trigémino es una condición crónica. Me he acostumbrado a llevar mi medicación conmigo siempre, listo para actuar cuando el dolor aparezca de nuevo. **El núcleo: la experiencia central** Aquella mañana en el sofá fue diferente. El dolor no se limitó a una simple sacudida como antes. Esta vez era una sensación aguda que me hizo sentir como si alguien hubiera pinchado un clavo en mi mandíbula derecha. Me fui directo al baño para tomar mis medicinas y esperar que el efecto comenzara pronto. A medida que la medicina comenzó a funcionar, sentí la presencia del dolor disminuyendo, pero no desapareció por completo. Es como si mi cerebro estuviera tratando de encontrar un equilibrio entre el dolor y la normalidad. Me di cuenta de que estaba sintiendo una tensión emocional que antes me había evitado reconocer. **La consecuencia práctica** En los últimos dos años, he tenido que adaptarme a vivir con este tipo de episodios. Mi trabajo en la empresa financiera se convirtió en un infierno. La presión constante y el estrés de cumplir metas y lidiar con clientes me hacían sentir peor. Me sentía como si estuviera luchando contra algo más que solo mi salud. Mi jefe fue comprensivo al principio, pero con el tiempo, la realidad es que no puedo seguir haciendo lo mismo. Ahora trabajo desde casa en auditorías y puedo mantener un ritmo más soportable. Pero a veces me siento culpable por no poder volver a ser el mismo trabajador de antes. **La tensión real: la contradicción** Lo peor del trigémino es que te hace sentir como si estuvieras luchando contra tu propio cuerpo. No puedo simplemente "mejorar" o "curarme". La medicación ayuda, pero no elimina por completo el dolor. Y lo peor de todo es la sensación de desamparo cuando el dolor regresa. Siento que estoy siendo derrotado por mi propia condición crónica. **El cierre honesto** Aquella mañana en el sofá me hizo ver que la realidad es que no puedo controlarlo todo, ni siquiera mi propio cuerpo. La neuralgia del trigémino es una parte de mí ahora y aunque pueda controlar los síntomas con medicación, siempre estaré viviendo con él. No tengo respuestas sencillas para cómo manejar el dolor o cómo seguir adelante. Solo sé que no puedo dejar de luchar. Me levanté del sofá ese día sintiendo la desilusión y la resignación, pero también algo más: la determinación de seguir adelante a pesar de todo.

La rutina de la medicación

Me he acostumbrado a llevar mi medicamento siempre contigo. Es como un compañero constante en tu bolso o cartera.

A veces me pregunto si la gente que no tiene problemas con su salud se imaginaría lo que es vivir con una condición crónica.

La conversación inevitable

No es extraño que cuando alguien descubre mi condición, siempre preguntan "¿cómo te sientes?" o "¿cómo manejas el dolor?".

Pero lo que no entienden es que vivir con neuralgia del trigémino no se trata solo de físico. Puede hacerme sentir como un inútil a veces.

Un aspecto más de mi vida que nadie ve

No es fácil para mí ver cómo los demás se desarrollan en sus carreras y relaciones sin preocuparse por algo así.

Aunque puedo trabajar desde casa, hay días en los que me siento frustrado porque no puedo hacer todo lo que antes podía, como caminar o trabajar de pie. Es un cambio difícil de adaptar para mi persona.

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