Trigémino y su poder transformador en los días buenos

Me senté en el sillón de la sala a las 9:30 de la mañana del 15 de febrero, con mi café recién preparado y un trago de jugo de naranja. Llevaba tres días sin ataque de dolor trigémino. Ese día había planeado trabajar en mis reportes financieros pendientes desde casa, después de una semana larga de reuniones con clientes. El día anterior había comido una pizza italiana para desayunar, que era mi comida favorita, pero que ahora ya no puedo disfrutar sin sentir un peso extra por la condición trigémica. Tenía mis reportes financieros abiertos en el portátil y estaba tratando de enfocarme en el trabajo, pero lo que pensaba constantemente era: ¿y si el dolor regresa? ¿Qué hago entonces? Llevé mi café a la cocina para preparar un poco más de jugo de naranja. El sonido del frigorífico me distrajo, igual que siempre hace. **El contexto: cómo llegué a ese momento** Recuerdo los primeros síntomas como si hubieran sido ayer. Fue hace seis o siete años cuando comenzaron a dolerme las muelas superiores derechas. El dolor parecía algo normal en el lado derecho de la mandíbula, y siempre pensé que era una muela extraña. Los primeros médicos creían lo mismo, pero ninguno encontró nada anormal con las radiografías o las pruebas complementarias. Me fue extrayendo dientes uno a uno, cada uno dejando un dolor crónico en su lugar. La última dentista que visité no podía explicar el dolor persistente después de la extracción de la última muela del lado derecho. A los dos años sin encontrar una causa para el dolor en las muelas, finalmente una especialista lo diagnosticó como neuralgia del trigémino. Me recetó carbamazepina a doscientos miligramos tres veces al día y me sentí mejor por primera vez en mucho tiempo. La mayoría de los días podía controlar el dolor con la medicación. Aunque, siempre estaba allí. **El núcleo: la experiencia central** Hace tres semanas, sin previo aviso, volvió el dolor fuerte. Era diferente a antes, tenía un zumbido como si algo se estuviera rompiendo o explotando en mi mandíbula derecha. Fue como si el dolor anterior hubiera sido solo un recuerdo lejano. El dolor de ahora era agudo y persistente, me afectaba la concentración y los sonidos y texturas que antes no importaban nada parecían volverse irritantes. Sentía como si la realidad se había vuelto más dura, cada cosa en mi vida pesaba más: el estrés del trabajo que ya no podía manejar con la misma facilidad, las tareas domésticas que requerían fuerza física y atención, incluso los sonidos de la calle parecían ensordezcos. Me sentí perdido, como si me hubieran quitado un fragmento de mi vida y ahora fuera a intentar adaptarme a una nueva realidad sin haber tenido tiempo para procesarlo. **La consecuencia práctica** Tras el regreso del dolor fuerte, tuve que volver a la dosis de carbamazepina de doscientos miligramos tres veces al día. La medicación empezó a funcionar de nuevo y puedo controlar mi vida de manera más normal. Sin embargo, esta experiencia me hizo reflexionar sobre cómo cambió mi relación con el trabajo. Ahora no puedo soportar el estrés extremo y la presión constante que me generaba el cargo anterior en la empresa financiera. **La tensión real: la contradicción** Me doy cuenta de que, aunque puedo controlar el dolor físico, aún hay mucha tensión emocional después de estos eventos. Me cuesta admitirlo pero siento una pérdida. La parte del trabajo que a mí me gustaba era precisamente aquella que ahora no puedo hacer sin sentirme agotado. Me doy cuenta también de que el estrés en mi trabajo y la presión de cumplir metas han sido mucho más dañinos para mi salud física y mental de lo que pensaba. **El cierre honesto** Hoy estoy empezando a aceptar esta realidad y a buscar formas de adaptarme a ella. Me doy cuenta de que no puedo hacerlo solo, pero tampoco puedo pedirle ayuda a alguien que no entienda mi situación. Acepto que esto es una lucha constante, algo que voy a tener que enfrentar cada día. La única forma de sobrellevarlo es tratando de encontrar la fuerza para aceptarlo y seguir adelante sin permitir que el dolor físico o emocional me defina.

Aceptando la realidad

Me di cuenta de que mi trabajo en la empresa financiera era un refugio, no solo para mí sino también para mis familiares. Todos sabían que era una persona responsable y capaz de manejar el estrés del trabajo. Pero cuando mi condición trigémica se volvió crónica, dejé de ser ese tipo de persona.

Me costaba admitirlo a mí mismo, pero la verdad es que me sentí fracasado cuando tuve que dejar mi cargo en la empresa financiera para trabajar desde casa. Me sentía como si hubiera perdido una parte importante de mi identidad y de mi rol en la familia.

La conversación con un amigo

Hablando con un amigo sobre mis problemas, me di cuenta de que no era solo el dolor físico lo que estaba sufriendo. También estaba sufriendo por no poder hacer las cosas como antes. Me sentía frustrado y enojado consigo mismo por no ser capaz de manejarlo mejor.

Me di cuenta de que había estado evitando hablar con mis amigos sobre mi condición, pensando que ellos ya no podrían entenderme o que me sentiría ridículo hablando sobre algo que parecía tan insignificante en comparación con otros problemas que enfrentan en su vida.

Un nuevo día a la vez

A medida que avanzaba en mi recuperación, empecé a ver las cosas de manera diferente. Empecé a enfocarme en pequeños logros cada día: terminar una tarea, hacer ejercicio sin sentir dolor, preparar un buen desayuno.

Me doy cuenta de que la vida es algo más allá del dolor físico o emocional. La vida sigue adelante con su propio ritmo y propia historia, a pesar de las circunstancias que enfrentamos.

Cambiando mi forma de pensar

Empecé a cambiar mi forma de pensar sobre mi condición trigémica. Empecé a verla como una parte de mí mismo, algo con lo que tengo que aprender a vivir en lugar de algo que debo evitar o sufrir.

Cada día que paso, voy entendiendo que la vida es un proceso constante de cambio y adaptación. Me doy cuenta de que puedo seguir adelante con ella, sea cual sea el obstáculo que me encuentre por delante.

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