Trigémino: mi batalla para recuperar la calma en las noches oscuras
Trigémino: mi batalla para recuperar la calma en las noches oscuras
Eran las 2 de la mañana y llevaba tres días sin un ataque. Me sentía seguro, como si hubiera vencido al dolor. Estaba tomando mis pastillas, siguiendo el tratamiento que me habían recetado. Esa noche estaba planeando ir a ver a mi familia, algo que no podía hacer en meses debido a los ataques constantes. Quería sentarme con ellos en la mesa y reírme de nuevo. Pero justo cuando cerraba los ojos para tratar de dormir, el dolor me golpeó como una tromba. Me desperté a mitad de la noche sintiendo una explosión de dolor en mi mejilla derecha, un fuego que se extendía por toda la mandíbula superior y que no parecía tener fin. Esa sensación es difícil de describir, pero puedo decirte que fue como si alguien hubiera prendido fuego a la madera sin quemarme. El dolor era tan intenso que me dolía incluso respirar. Recuerdo gritar, pero no sé por qué. Probablemente fue para desahogar el dolor o porque me sentí atrapado y no sabía qué hacer. Esa noche fui incapaz de dormir más que unos pocos minutos. Me pasé horas contando las ventanas del techo, tratando de perderme en algún lugar más allá de la angustia que me envolvía.El contexto: cómo llegué a ese momento
Me han diagnosticado neuralgia del trigémino hace dos años, después de una serie de meses pasados en el consultorio dental sin encontrar la causa real de los dolores que sentía. Fueron años perdidos con dentistas que no encontraron nada, con tratamientos y operaciones que solo empeoraron las cosas. Me recordaba aquella sensación de frustración y derrota cuando mi último diente fue extraído. El dolor que vino después fue diferente a todo lo que había pasado antes. Fue ella quien me dijo por primera vez: "Tienes trigémino." Fue entonces que comencé a buscar soluciones para este nuevo problema. Después de la diagnosis, mi dentista recetó Carbamazepina, 200 mg tres veces al día. Aunque inicialmente tenía miedo de empezar a tomar medicamentos, decidí subir gradualmente la dosis hasta llegar a los 200mg diarios. Funcionó. Estuve bien durante casi dos años.El núcleo: la experiencia central
La noche en que volvió el dolor fue como si hubiera caído en una trampa del que no podía escapar. Me sentía confundido, perdido en un laberinto de dolor y angustia sin fin. No sé por qué el dolor vuelve a veces, pero creo que puede ser por el estrés o la presión emocional. Ese día tenía una reunión importante en la oficina y estaba nervioso, lo cual podría haber contribuido al ataque. Recuerdo sentirme muy enfadado conmigo mismo por no poder controlar el dolor, por no tener la fuerza para seguir adelante. Es como si mi cuerpo me estuviera recordando que soy un hombre de 52 años, y que he dejado atrás la vida que conocía y amaba. Me duele pensar en los días pasados cuando podía trabajar sin dolor, hacer cosas sin sentirme agotado.La consecuencia práctica: cómo cambió ese día, esa semana, esa relación
A raíz de los ataques crecientes del trigémino, tuve que abandonar mi trabajo de alta presión y pasar a realizar tareas más tranquilas desde casa. Fue un cambio necesario pero difícil para mí, ya que perdía la identidad de trabajador que yo era. Mi familia se acostumbró al nuevo ritmo, aunque siempre estoy tratando de encontrar maneras de compensar el tiempo que pierdo en ataques. La verdad es que no solo mi trabajo cambió; también mis relaciones personales sufrieron con esto. Me alejé un poco de mis amigos y familiares debido a la necesidad de cuidarme a mí mismo, lo cual no era algo fácil para ellos entender. No podían ver el dolor que sentía cada día, pero sabían que yo estaba diferente.La tensión real: la contradicción, lo que no resolví, lo que me costó admitir
Lo peor del trigémino es que no puedes predecir cuándo vas a sufrir otro ataque. No puedes decidir si tienes que enfrentar un día más o pasar una semana tranquila sin sentir dolor alguno. Me duele admitirlo, pero el miedo y la incertidumbre son compañeros míos cada noche. Aunque ya he tomado mis pastillas y sé qué esperar, hay momentos en los que siento que me estoy perdiendo. No puedo trabajar como antes, no puedo hacer las cosas que me gustan, ni siquiera puedo disfrutar de la tranquilidad por miedo a un ataque repentino.El cierre honesto
Estoy aquí sentado escribiendo esto, intentando encontrar mi lugar en medio del dolor y la confusión. No sé qué va a pasar mañana, ni cuántos ataques habrá que enfrentaré antes de que pueda sentirme tranquilo otra vez. Pero lo que sí sé es que cada noche, cada día, voy a luchar por recuperar un poco más de mí mismo. Porque la verdad es que no estoy perdiendo mi identidad como hombre; estoy intentando encontrarla en este nuevo camino. No me duele tanto el dolor físico; me preocupa cómo afecta a las personas que amo y qué voy a hacer cuando todo esto termine algún día. Eso es todo lo que puedo decir por ahora.Pensamientos en la oscuridad
A veces, cuando estoy acostado tratando de dormir, escucho a mi cerebro pensando cosas que no sé cómo formular. Me pregunto qué habría pasado si hubiera descubierto el trigémino antes, si hubiera podido evitar la mayoría de los ataques. Probablemente estaría en una situación diferente, pero ¿en mejor o peor?
Me duele pensar en todas las cosas que he perdido: la vida activa, la capacidad de trabajar sin dolor, la conexión con mis amigos y familiares. Pero también me pregunto si es posible aprender a vivir con este dolor crónico.
La lucha por encontrar algo normal
He estado tratando de adaptarme a esta nueva realidad, pero no puedo evitar sentir que estoy perdiendo la noción de lo que es "normal". ¿Qué es vivir sin dolor? ¿Es solo una ilusión? Me pregunto si algún día podré volver a ser el hombre que era antes.
A veces siento como si estuviera fingiendo ser alguien que no soy. Estoy tratando de encontrar la forma de hacer las cosas de nuevo, pero no puedo evitar sentir que estoy copiando una vida más que vivirla verdaderamente.
El peso de los medicamentos
Tengo que tomar mis pastillas cada día para mantener el dolor bajo control. Es frustrante saber que solo tengo que recordarlas todas las mañanas, pero la verdad es que a veces me siento como si estuviera engañando a mi cuerpo.
Me pregunto cuánto tiempo seguiré tomando estos medicamentos y qué va a pasar cuando no pueda tomarlos más. Es un tema que siempre está en el fondo de mi mente, pero nunca estoy seguro de cómo abordarlo con los demás.
El precio de la tranquilidad
A veces me siento como si estuviera comprando la paz a cambio de algo esencial. No sé qué perderé cuando no pueda tomar mis medicamentos más, pero lo que sí sé es que voy a luchar para encontrar una forma de vivir sin ellos.
La verdad es que no quiero ser un prisionero del dolor crónico, y voy a seguir luchando por encontrar mi camino hacia la tranquilidad, aunque sea en pequeños pasos.
Escribir como terapia
He estado escribiendo estas palabras para tratar de procesar todo lo que siento. No sé si es una forma efectiva de aliviar el dolor crónico, pero creo que ayuda a clarificar mis pensamientos y sentimientos.
No siempre sé qué escribir después del primer párrafo, pero parece ser un buen lugar para comenzar cada día.
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