Trigémino: superar el dolor a través de la escritura

Trigémino: superar el dolor a través de la escritura

Eran las 8:45 de la mañana y llevaba 17 días sin un ataque de dolor trigémino. La temperatura en mi habitación era de 22 grados, y yo tenía la ventana abierta para dejar entrar un poco de aire fresco. Iba a empezar el día con una taza de café y un poco de pan tostado, algo que había comido sin problemas durante los últimos días. Mi plan era trabajar en una auditoría desde casa, algo que había estado haciendo durante los últimos meses debido a mi condición. El trigémino no sabe de calendarios, y yo temía que en cualquier momento podría volver a aparecer. Me senté en mi silla de escritorio y comencé a revisar los documentos que necesitaba para la auditoría. La luz del sol entraba por la ventana y iluminaba mi espacio de trabajo, lo que me hacía sentir un poco más relajado. Sin embargo, en la parte trasera de mi mente, siempre estaba la pregunta: ¿cuándo volverá el dolor? ¿Será hoy el día en que mi vida se detenga de nuevo? La incertidumbre es algo con lo que he aprendido a vivir desde que fui diagnosticado con neuralgia del trigémino. La neuralgia del trigémino es algo que he aprendido a conocer muy bien, aunque no es algo que yo hubiera elegido. El dolor en mi mandíbula derecha es algo que puede aparecer en cualquier momento, y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. La medicación ayuda a controlarlo, pero no es una solución definitiva. Me he dado cuenta de que escribir sobre mi experiencia me ayuda a procesar mis emociones y a encontrar un sentido a lo que estoy viviendo. Pero, ¿por qué escribe sobre mi dolor? ¿Es solo para recordar los momentos difíciles, o hay algo más detrás de esto?

El contexto: cómo llegué a ese momento, qué pasó antes

Hace 6 o 7 años, empecé a tener problemas dentales en el lado derecho de mi mandíbula. Fui a varios dentistas, y cada uno me dio una explicación diferente para mi dolor. Algunos me dijeron que era un problema de raíz, otros que era una infección, y algunos incluso me dijeron que era algo psicológico. Pero ninguno de ellos encontró la causa real de mi dolor. Me sometí a varias endodoncias, extracciones y tratamientos dentales, pero el dolor seguía. Fue un período muy difícil, ya que no podía encontrar una solución a mi problema y me sentía como si estuviera perdiendo el control de mi vida. Fue hace dos años cuando una dentista me extrajo la última muela del lado derecho de mi mandíbula. El dolor que vino después fue insoportable, diferente a todo lo que había experimentado antes. Fue ella quien me dijo por primera vez que podía tener neuralgia del trigémino. Me recetó Carbamazepina, 200 mg tres veces al día, y yo decidí empezar con 100 mg tres veces al día, por mi cuenta, sin decírselo. Y funcionó. Me sentí bien durante casi dos años, y pensé que finalmente había encontrado una solución a mi problema. Pero, como siempre, el dolor volvió, y tuve que subir a la dosis que la doctora había indicado desde el principio.

El núcleo: la experiencia central — detalles sensoriales, emociones nombradas, pensamientos exactos

El dolor trigémino es algo que no se puede describir con palabras. Es como un cuchillo que te corta la mandíbula, un dolor que te hace sentir como si estuvieras muriendo. Es un dolor que te hace sudar, te hace temblar, te hace sentir como si estuvieras perdiendo el control de tu cuerpo. Cuando el dolor aparece, mi mente se llena de pensamientos negativos. Me pregunto si esto es el final, si esto es lo que me va a acompañar durante el resto de mi vida. Me siento como si estuviera solo, como si nadie entendiera lo que estoy viviendo. La temperatura de mi habitación no importa cuando el dolor aparece. Puede ser 22 grados o 30 grados, el dolor es lo mismo. La luz del sol no puede iluminar mi espacio de trabajo cuando el dolor está presente. Es como si el dolor fuera una nube oscura que cubre todo, que no deja que nada de luz entre. Es un dolor que me hace sentir como si estuviera en una cueva, sin salida, sin esperanza. Pero, a pesar de todo, he aprendido a vivir con él. He aprendido a reconocer los síntomas, a tomar mi medicación, a encontrar formas de manejar el dolor.

La consecuencia práctica: cómo cambió ese día, esa semana, esa relación

Cuando el dolor volvió, tuve que cambiar mi rutina diaria. Tuve que dejar de hacer algunas cosas que me gustaban, como leer o ver televisión, porque el dolor me hacía sentir incómodo. Tuve que empezar a tomar mi medicación con más frecuencia, lo que me hacía sentir un poco más cansado. Mi trabajo como auditor también se vio afectado, ya que no podía concentrarme en mis tareas como antes. Mi jefe y mis colegas fueron comprensivos, pero yo podía sentir que estaban empezando a perder la paciencia. Me sentí como si estuviera perdiendo mi identidad, como si el dolor estuviera definiendo quién era yo. La relación con mi familia y amigos también cambió. No podía hacer cosas que antes me gustaban, como ir al cine o salir a cenar. Me sentía como si estuviera perdiendo mi libertad, como si el dolor estuviera controlando mi vida. Pero, a pesar de todo, ellos han sido muy comprensivos y me han apoyado en todo momento. Me han ayudado a encontrar formas de manejar el dolor, me han acompañado en mis citas con el médico, me han escuchado cuando necesitaba hablar. Me han hecho sentir como si no estuviera solo, como si hubiera alguien que me entendiera.

La tensión real: la contradicción, lo que no resolviste, lo que te costó admitir

La tensión real es la incertidumbre. No sé cuándo volverá el dolor, no sé cómo será el próximo ataque. No sé si la medicación seguirá funcionando, no sé si encontraré una forma de curar mi condición. La incertidumbre es lo que me hace sentir ansioso, lo que me hace sentir como si estuviera viviendo en una nube de niebla. Me cuesta admitir que no tengo control sobre mi cuerpo, que no puedo hacer nada para evitar el dolor. Me cuesta admitir que mi vida ha cambiado, que no puedo hacer las cosas que antes me gustaban. La contradicción es que, a pesar de todo, he aprendido a vivir con el dolor. He aprendido a reconocer los síntomas, a tomar mi medicación, a encontrar formas de manejar el dolor. He aprendido a adaptarme a mi nueva realidad, a encontrar formas de hacer las cosas que me gustan a pesar del dolor. Pero, al mismo tiempo, me duele admitir que mi vida ha cambiado, que no soy la misma persona que era antes. Me duele admitir que el dolor es una parte de mi vida, que no puedo escapar de él.

El cierre honesto: termina en lo real, donde estás ahora

Estoy sentado en mi silla de escritorio, mirando por la ventana. La temperatura en mi habitación es de 22 grados, y yo estoy pensando en mi próximo ataque de dolor. No sé cuándo será, no sé cómo será. Pero sé que estoy preparado, sé que he aprendido a vivir con el dolor. Sé que he encontrado formas de manejar el dolor, de hacer las cosas que me gustan a pesar de él. Estoy escribiendo sobre mi dolor, porque eso me ayuda a procesar mis emociones, a encontrar un sentido a lo que estoy viviendo. Estoy viviendo con neuralgia del trigémino, y eso es la realidad. El dolor es una parte de mi vida, y yo estoy aprendiendo a vivir con él. El dolor trigémino es mi realidad, y yo estoy aquí, viviéndola.

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