Mi experiencia con neuralgia del trigémino: un ataque de pánico en urgencias
Mi experiencia con neuralgia del trigémino: un ataque de pánico en urgencias
Fue a las 8 de la mañana del lunes cuando llevaba 40 días sin un solo ataque de dolor trigémino. Había planeado levantar el peso que me pesó tanto después de aquella última extracción dental, había vuelto a correr en el parque por primera vez en meses y había comprado esos nuevos zapatos para la reunión de fin de año con los jefes. Me había comido una tostada con mantequilla esa mañana, nada más. Esa sensación de estar recuperándome después de un año sin saber qué estaba pasando me hacía sentir... casi humano otra vez. ¿Y qué iba a pasar en ese encuentro con la superioridad? Esperaba tenerlo todo bajo control cuando por fin tuviera que subir al estrado. Ese día, mi lado derecho se convirtió en un infierno.La inutilidad de la planificación
Mi lado derecho era el único lugar donde podía sentir algo, ya no me importaba lo que tuviera planeado para la vida. Era como si alguien hubiera decidido llevarme a una cuestión a una guerra.
Algunos días llegaban cuando estaba tomando un baño y otros cuando estaba cenando con familiares o amigos. No había momento de la vida en el que me sintiera tranquilo sin temor a sentir un dolor repentino. Fue entonces cuando comprendí lo inútil que era la planificación.
La desaparición del mundo
Mi capacidad para disfrutar, mi curiosidad por cualquier cosa, mi entusiasmo por vivir; todo se perdió al instante en que el dolor comenzó a controlarme. El silencio de la habitación cuando me quedé dormido con la luz encendida o mientras miraba un programa era absoluto.
No importa lo que vean los demás alrededor; para mí, todo lo que veo y siento se ha vuelto como una especie de ensueño. No tengo interés en nada más allá del lado derecho de mi cuerpo.
El peso del secreto
Ninguno de los jefes que he tenido supo qué me pasaba realmente por la cabeza cuando tomé el trabajo a distancia, pero no podían ver el dolor. Los demás no entendieron nada cuando les dije que mi lado derecho era como un infierno.
Y así siguió siendo durante tanto tiempo; hasta ahora mismo cuando escribo esto en la soledad de mi casa y trato de explicarlo al mundo a través de estas palabras, sin saber qué va a pasar conmigo después.
El contexto: cómo llegué hasta allí
No era la primera vez que me pasaba cosas extrañas con los dientes. Ya llevaba seis o siete años sufriendo problemas con una muela del lado derecho de la mandíbula superior.
Fuí a dentista tras dentista: algunas extracciones, endodoncias y hasta pérdidas de piezas dentales. Ninguno encontró la causa real.
No solo perdía dientes a pasos acelerados. Me volvió imposible seguir viviendo como antes. El dolor me afectaba el sueño; estaba malhumorado y lo notaban mis clientes, jefes y familiares. Era impredecible en reuniones de trabajo.
Me dejé llevar por la idea de que tal vez era algo relacionado con los dientes... hasta que no quedó una sola muela del lado derecho.
El núcleo: la experiencia central
La última extracción fue un día antes de mi 50 cumpleaños. La dentista no pudo extraerla sin sufrir, aunque me había dado todo bien.
Esa noche, después de que se lo explicó a mi esposa y le dijo lo mucho que la quería por estar allí para mí (con el dolor), fue peor de lo que imaginaba.
Me levanté antes del amanecer con un sufrimiento intenso en el lado derecho. La sensación de una mordedura en el labio, pero no había nada allí. Me sacudí al salir de la cama: estaba sudando y me dolía solo con pensar en caminar hasta el baño.
No quería creer que el dolor pudiera ser tan fuerte. No había algo así en ninguna de mis lecturas o conversaciones sobre dolor crónico. No era nada que supiera reconocer.
La consecuencia práctica: cómo cambió mi vida
Después del diagnóstico de neuralgia del trigémino, me pasaron por la cabeza todo tipo de pensamientos al principio. Pensé en la posibilidad de una vida sin dolor, pero también tuve miedo a tomar las píldoras.
Fuí a hablar con un jefe y le dije que no podría seguir en ese puesto de trabajo. Me quedaban 16 años para jubilarme. No podía aguantar más los días largos y el estrés constante del mundo financiero que me llevó a la ruina.
Comencé con una dosis baja de Carbamazepina. Lo intentaba todo antes de subir a 200 mg tres veces al día.
La tensión real: lo que no resolví
No hay cura para la neuralgia del trigémino. Solo tratamiento y aprendizaje a vivir con ella. Me cuesta aceptar que mi dolor puede ocurrir cualquier momento, en cualquier lugar.
¿Y qué hago ahora? Apenas soy capaz de hacer una tarea sin sentir un zumbido en el lado derecho al levantar la mano. Y ya no puedo correr más por el parque.
El cierre honesto: termina donde estás
Es extraño pensar que alguien me lee y piensa que está soportando algo mucho peor. ¿O tal vez que no hay solución para esto? Me da igual lo que eligen leer; simplemente escribo por mí mismo.
No tengo moraleja, solo un recordatorio a mí mismo de la realidad: un dolor súbito, una vida interrumpida y una nueva identidad como alguien que ahora vive con trigémino.
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