Trigémino: el dolor que me robó mi vida laboral.

Trigémino: el dolor que me robó mi vida laboral.

El día comenzó tranquilo. Me desperté temprano sin dolor en la mejilla derecha. Eso es algo que me alegra. Después preparé café en la cocina y me senté en el sillón de la sala a disfrutar del silencio matutino. Mi esposa todavía dormía, así que preferí dejarla descansar un poco más. Mientras tomaba mi café, pensé en lo que tenía por hacer ese día: una reunión en la oficina y luego una visita a alguien interesado en nuestro préstamo grupal. Un día de trabajo normal. Estoy cansado.

Mientras estaba sentado en mi sillón, mi mente comenzó a vagar hacia los días en que el dolor trigémico se convirtió en una constante en mi vida. Recuerdo cómo empezó, con lo que parecían problemas dentales en la mejilla derecha de la mandíbula superior. Fuera de dentistas, endodoncias, extracciones... nada parecía funcionar. Y entonces, hace dos años, la doctora me diagnosticó con neuralgia del trigémino. Me recetó Carbamazepina, 200 mg tres veces al día. Decidí empezar con una dosis más baja, 100 mg, y funcionó. O al menos, así parece que está funcionando.

Aquella mañana me senté frente a mi mesa de trabajo y miré hacia la ventana. Mi mente estaba lejos, recordando cómo había sido mi vida antes del diagnóstico. Había dejado atrás el estrés de mis tareas como trabajador de campo, que implicaba estar constantemente en movimiento, desde colocaciones hasta recuperación de préstamos en todo el territorio. Me sentí solo al pensar en la pérdida de ese ritmo, de ese desafío constante. Mi nuevo trabajo como auditor es más tranquilo, pero también me ha llevado a un espacio más aislado, lejos del calor y la energía que antes me rodeaba. (Ningún cambio necesario)

El contexto

Me despertaba ya sintiendo que algo no estaba bien. No podía evitar pensar en cómo el estrés del trabajo había empezado a afectarme de nuevo. El dolor en la mejilla derecha y mandíbula derecha se estaba volviendo insoportable, como si un martillo estuviera golpeándome sin cesar. Cada pequeño ruido o movimiento me hacía sentir una punzada de dolor que casi me hacía gritar. Me sentía solo en mi lucha contra el dolor y la fatiga se estaba apoderando de mí, estoy cansado de tener que lidiar con este dolor constante, estoy cansado de no saber qué puede provocarlo ni cómo evitarlo.

Me encontré incómodo en la reunión en la oficina: discutir números, metas y objetivos no es mi fuerte. Mi mandíbula derecha comenzó a doler, era un latido insoportable que me decía que un ataque de trigemino se avecinaba. Traté de mantener la calma pero no pude: el dolor aumentaba con cada minuto y sabía que debía salir de allí lo antes posible.

El núcleo

Me desperté con el dolor ya presente. La experiencia central de aquella mañana fue el dolor trigémico, un dolor intenso y punzante en mi mandíbula derecha que me recorría como una descarga eléctrica. No cedía, era persistente. Mi nervio trigémino parecía gritar pidiendo atención. Y allí sentado, estaba incapaz de calmarlo.

Pensé en lo mucho que he estado sufriendo con esta neuralgia del trigémino y recordé las palabras de un filósofo: "El dolor es la medida del anhelo". Me di cuenta de que mi dolor no era solo un síntoma, sino una manifestación de mi anhelo por una vida sin dolor. Un día más sin poder comer con normalidad me ha hecho sentirme solo y cansado.

La consecuencia práctica

Ese día después de la reunión me quedé sentado en mi oficina sin fuerzas para seguir trabajando. El dolor trigéminal me había ganado y ya no podía ignorarlo. Me tomé mis medicinas y me acosté en el sillón, esperando que el dolor se calmara. Fue un día completo perdido, solo sufrir sin hacer nada más.

Esa experiencia me hizo cuestionar todo sobre mi vida y cómo estaba gestionando mi trigemino. Sentía que había llegado un punto en el que no podía seguir ignorando el dolor constante en mi mejilla derecha, la mandíbula derecha. Me sentí solo, como si nadie entendiera lo que estaba pasando. Estoy cansado de sentirme así, de tener que adaptar constantemente mis planes debido al dolor. Necesito encontrar una forma de vivir con esto, y eso significa hacer cambios significativos en mi vida diaria.

La tensión real

Estaba sentado en la reunión del trabajo sintiéndome solo, rodeado de personas a las que quiero, pero el dolor de mi trigémino me estaba invadiendo. Quiero poder participar sin que el dolor se apodere de mí. Sin embargo, sé que este tipo de dolores es una parte de mí y puedo estar cansado, pero no necesariamente triste, porque he aprendido a vivir con él. Aunque quiero evitarlo, el dolor puede ser un acompañante constante en mi vida. Me pregunto cómo vivir con ello sin dejar que me defina.

No tengo respuestas fáciles para este demonio del trigemino. Lo único que puedo hacer es seguir adelante, día a día, intentando encontrar formas de calmar el dolor en mi mejilla derecha y la mandíbula, y manejar el estrés que me provoca esta condición. La incertidumbre sobre qué pasará mañana me mantiene cansado, pero sigo adelante sin saber qué va a suceder.

El cierre honesto

Estoy sentado aquí ahora, con este dolor crónico en mi mejilla derecha, recordándome que la neuralgia del trigémino está presente en mi vida. A pesar de intentar ignorarlo o distraerme, el dolor sigue ahí, insistente y constante. No es algo que pueda evitar, no es un problema a resolver. Es simplemente parte de lo que estoy pasando. Estoy cansado de lidiar con él, pero no hay soluciones fáciles para cambiar esto.

La verdad es que no hay un día en el que la neuralgia del trigémino deje de estar presente en mi vida. Me siento cansado constantemente, como si estuviera luchando contra una fuerza imparable. El dolor me persigue y no sé qué hacer para calmarlo, pero sigue adelante a pesar de él.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Trigémino: mis noches de insomnio sin fin y sin razón

La neuralgia del trigémino: Mi peor noche de sufrimiento sin solución

Trigémino: mi peor conversación con mi pareja