Neuralgia del trigémino: la noche en que no pude dormir

Ataque de trigémino: lo que nadie me explicó en urgencias 

Cuando uno tiene un ataque de trigémino, todo se vuelve confuso y la única certeza es el dolor. No sé cuántas veces he oído a médicos hablar sobre los síntomas del trigémino como si fuera una especie de guía turística: "Llega un dolor intenso en la mejilla y luego...". ¿Pero qué significa eso? ¿Cómo se siente el cuerpo cuando no puede controlar la comunicación entre nervios y músculos? 

A veces, después de un ataque de trigémino, me quedo sentado en la cama durante horas intentando recordar cómo era el dolor antes. ¿Era más fuerte? ¿Dónde se concentraba exactamente? Me pregunto si algún día podré dejar que mi cerebro lea la situación con más claridad. Recuerdo cuando fui al hospital por primera vez después de descubrir el verdadero origen del dolor en mi mejilla derecha. Fue un ataque repentino mientras estaba sentado en mi sillón favorito leyendo un artículo sobre préstamos grupales. 

No recordaba haber notado nada anormal, pero cuando me levanté para buscar un bolígrafo, la parte superior de mi mandíbula derecha parecía inflamada y sensible al tacto. En el hospital, los doctores hablaron de neuralgia del trigémino. Pero ¿qué era eso? Me dijeron que tenía una condición crónica en la cual el nervio trigémino puede fallar y causar dolor intenso en ciertas áreas de la cara. Eso fue todo lo que me explicaron. Lo que no me explicaron es cómo se siente ese tipo de dolor en realidad. Cada ataque me había dejado con una sensación de indefensión, como si mi cuerpo estuviera luchando contra sí mismo por el control de las funciones más básicas. No es un dolor constante; es un golpe repentino y brutal que te deja sin aliento. Algunas veces, cuando estoy en un ataque de trigémino, pienso en lo que fue mi vida antes de esto.

Era auditor de préstamos grupales y viajaba a todo el país para evaluar condiciones financieras. Ahora trabajo desde casa, pero sigue siendo una parte importante de mí. La mayoría de las veces no puedo evitar pensar en cuánto ha cambiado mi vida con la neuralgia del trigémino. No es sólo el dolor; es la incertidumbre continua sobre lo que puede ocurrir en cualquier momento y cómo reaccionar a ello. En algunos días, cuando estoy solo en mi casa, me siento como si estuviera esperando a que algo suceda. 

Pero cuando no hay ataque de trigémino, cuando la vida parece estar en equilibrio y el dolor está quieto, siento una mezcla extraña de alivio y desesperanza. Me quedo sentado durante horas sin decir nada, mirando hacia adelante como si esperara algo que nunca llegue. La tristeza no es una sensación a la que esté acostumbrado, pero en estos días, la sensación de pérdida es el precio más alto que pago por mi condición. A veces pienso que podría escribir un libro sobre lo que he aprendido desde ese primer ataque.

No sería un relato esperanzador; sería una descripción honesta de cómo lucha contra esta enfermedad en cada momento, sin la ayuda de remedios mágicos ni consejos optimistas. En cuanto al trabajo, sigue siendo lo mismo: cada día es un combate por encontrar equilibrio entre el dolor y las responsabilidades. 

Aunque sea difícil mantener una conversación sobre este tema con los que no han pasado por algo similar, espero que algunos puedan entender cómo siento la tensión del momento a momentos. Sin embargo, esta no es la historia que he venido escribiendo. La mía es la de un hombre que intenta hacer lo mejor posible con lo que tiene, en su mayoría días oscuros donde el dolor se impone y los atisbos de claridad son raros, pero también algunos momentos lúcidos donde veo a personas queridas y al trabajo. 

Quizá no sea una historia esperanzadora. Pero tal vez si alguien puede sentir la confusión que siento en cada instante, entonces podría sentirse menos solo.

La pérdida de la identidad laboral

Fue una pérdida silenciosa, como si un pedazo de mí mismo se hubiera desvanecido en el aire. Los años trabajando en préstamos grupales me habían definido no solo como profesión, sino también como persona. La identidad del trabajador que era en la calle con los clientes, cumpliendo metas y lidiando con las presiones de los jefes era una parte esencial de mí mismo.

Me quedaba sentado en mi escritorio, rodeado de mapas y equipos de campo, pero no era capaz de concentrarme. Los ataques de dolor me hacían impredecible y no podía mantener el ritmo exigente del trabajo. Me sentí solo y abandonado por mi cuerpo. Estoy cansado de tener que luchar contra esta condición y estoy empezando a perder la esperanza de encontrar un tratamiento efectivo. El dolor en la mejilla derecha y la mandíbula me está debilitando cada día más. Nota: No había errores ortográficos ni incompletas palabras en el párrafo original, por lo que no hubo cambios.

La complicidad de la familia

Me siento afortunado de tener una esposa tan comprensiva desde que empezaron los ataques de trigemino en mi mejilla derecha. Ella sabe cómo manejar mis días más difíciles, cuando me quedo sentado en silencio sin querer hablar con nadie. Me da lástima no poder ser el esposo que ella necesita cuando estoy cansado de las constantes migrañas y del dolor en mi mandíbula derecha.

Me quedé sentado en el sofá, sintiéndome solo y abrumado por el dolor lancinante en mi mejilla derecha. Mi esposa se acercó a mí con una taza de té caliente y me la puso en las manos, pero ni siquiera el aroma reconfortante del té pudo distraerme del dolor que había estado padeciendo durante horas.

La tensión en las relaciones

Me quedaba sentado en mi escritorio, pensando en la vida de antes, cuando era capaz de conectarme con mis amigos sin sentirme como si estuviera cargando su tiempo con mis problemas. Pero ahora, el dolor que sentía constantemente por la mejilla derecha y la mandíbula me hacía evitar a los demás, ya que no quería ser un peso en sus vidas. Me sentí solo, rodeado de amigos con quienes antes solía compartir todo, pero ahora no sabía cómo acercarme a ellos sin sentirme como si estuviera lastimándolos. Estoy cansado de esconderlo bajo la alfombra y de tratar de sonreír cuando el dolor me hace querer gritar. Nota: No se encontraron errores ortográficos ni incompletas en la palabra para corregir.

Me quedaba sentado en mi escritorio, intentando concentrarme en un proyecto pendiente cuando el teléfono sonó. Mi amigo me llamó para invitarme a cenar, pero esta vez no tuve ganas de aceptarlo. Me sentí demasiado deprimido y cansado como para compartir mis experiencias con él, así que simplemente le dije que no estaba bien y colgué el teléfono.

Aprendiendo a vivir con el dolor

Me quedé sentado en el sofá, pensando en la forma en que todo se había vuelto tan diferente desde que apareció la neuralgia del trigemino. El dolor me seguía por todas partes, un compañero constante que apenas permitía disfrutar de los momentos más simples. Estaba cansado de luchar contra él y no saber qué hacer al respecto.

Estaba exhausto después de varias semanas de dolores intensos en la mejilla derecha y la mandíbula. El dolor era agudo y me hacía sentir solo. Comencé a buscar métodos alternativos para aliviar el dolor, incluyendo terapia para trabajar a través de las emociones que podrían estar contribuyendo a mis síntomas.

La búsqueda de la normalidad

Me quedo sentado en mi sofá, reflexionando sobre lo que es la normalidad cuando tienes algo como la neuralgia del trigémino. A veces me siento solo y sin rumbo mientras intento encontrar respuestas a preguntas que no tengo claras. Estoy cansado de luchar con el dolor que se despierta en mi mejilla derecha, y me pregunto cómo sería si no tuviera que lidiar con sus ataques constantes.

No puedo responder a estas preguntas, pero sí sé que estoy haciendo lo mejor que puedo en este momento. Al menos eso me ayuda a sentirme algo más cerca de la normalidad.

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Neuralgia del trigémino: la noche en que no pude dormir

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