Trigémino: mi decisión inesperada para seguir trabajando sin dolor

Trigémino: mi decisión inesperada para seguir trabajando sin dolor

Me encontraba en la cocina, preparando café, cuando recordé la conversación con mi dentista hace dos años. Me había diagnosticado con neuralgia del trigémino y me había recetado Carbamazepina, 200 mg tres veces al día. Sin embargo, decidí tomar la mitad de la dosis recetada, 100 mg tres veces al día, por mi cuenta. Fue una decisión que cambió mi tratamiento y me permitió mantener mi vida laboral. En ese momento, no sabía que el dolor trigémino se convertiría en una parte integral de mi vida, pero sí sabía que debía encontrar una manera de convivir con él. En los primeros años, el dolor en la mandíbula superior derecha era intermitente. Pensaba que eran problemas dentales, así que fui a varios dentistas, pero ninguno encontró la causa real. Me sometí a endodoncias, extracciones y pérdida de piezas dentales, una por una, sin que el dolor cesara. Fue hasta que la última muela del lado derecho fue extraída que el dolor se intensificó. La dentista me dijo que probablemente tenía trigémino y me recetó el medicamento. Me sentí aliviado de haber encontrado una explicación, pero también me preocupaba la idea de depender de un medicamento para controlar el dolor. Mi vida laboral también se vio afectada por el trigémino. Antes, trabajaba en el campo, colocando y recuperando préstamos grupales. Me encantaba el ritmo y la adrenalina de cumplir metas en la calle. Sin embargo, con el dolor trigémino, era imposible mantener ese ritmo. Recuerdo días en que el dolor era tan intenso que no podía hablar por teléfono, y noches en que no podía dormir. Mis jefes se dieron cuenta de que algo estaba mal y me ofrecieron trabajar desde casa como auditor. Aunque era un cambio necesario, también fue un golpe para mi identidad como trabajador. Me sentí como si hubiera perdido una parte de mí mismo.

El contexto: cómo llegué a ese momento

Antes de que el trigémino se convirtiera en una parte integral de mi vida, trabajaba en el campo, visitando clientes y cumpliendo metas. Me encantaba el desafío de recuperar préstamos y la sensación de logro cuando lo hacía. Sin embargo, con el dolor trigémino, todo cambió. Empecé a notar que el dolor se intensificaba cuando estaba en la calle, expuesto a los cambios de temperatura y a la presión de cumplir metas. Me sentí como si estuviera en una guerra constante contra el dolor, y no sabía cómo ganar. Fue entonces cuando decidí tomar la mitad de la dosis recetada, pensando que podría controlar el dolor de manera más efectiva. Mi esposa notó el cambio en mí y se preocupó. Me preguntaba constantemente cómo me sentía y si necesitaba algo. Me sentí afortunado de tener su apoyo, pero también me sentí culpable por no poder ser el mismo hombre que era antes. Mi madre y hermanos también se dieron cuenta de que algo estaba mal, y me preguntaban si necesitaba ayuda. Me sentí como si estuviera perdiendo el control de mi vida, y no sabía cómo recuperarlo.

El núcleo: la experiencia central

La experiencia central de mi vida con trigémino ha sido la lucha constante contra el dolor. He aprendido a reconocer los síntomas y a tomar medidas para controlarlos. He descubierto que el estrés y la ansiedad empeoran el dolor, así que he intentado reducirlos mediante la meditación y el ejercicio. He aprendido a escuchar a mi cuerpo y a tomar descansos cuando lo necesito. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, el dolor aún puede ser abrumador. Hay días en que no puedo hacer nada, y me siento como si estuviera perdiendo la batalla. Recuerdo un día en particular en que el dolor fue tan intenso que no pude hablar por teléfono. Me sentí como si estuviera atrapado en una cárcel de dolor, y no sabía cómo escapar. Mi esposa me trajo un vaso de agua y se sentó a mi lado, sin decir nada. Me sentí afortunado de tener su apoyo, pero también me sentí culpable por no poder ser el mismo hombre que era antes. Fue entonces cuando me di cuenta de que el trigémino no solo afectaba mi vida laboral, sino también mi vida personal.

La consecuencia práctica: cómo cambió ese día, esa relación, esa semana

La decisión de tomar la mitad de la dosis recetada cambió mi tratamiento y me permitió mantener mi vida laboral. Empecé a trabajar como auditor desde casa, y aunque era un cambio necesario, también fue un desafío. Me sentí como si estuviera empezando de cero, y no sabía si podría adaptarme. Sin embargo, con el tiempo, me di cuenta de que podía hacerlo. Me sentí como si hubiera encontrado una nueva identidad, una que no estaba definida por el dolor trigémino. Mi relación con mi esposa también cambió. Empecé a valorar su apoyo y su comprensión de manera diferente. Me di cuenta de que no estaba solo en esta lucha, y que ella estaba allí para ayudarme. Me sentí afortunado de tener su amor y su apoyo, y me di cuenta de que el trigémino no solo afectaba mi vida, sino también la suya. Empecé a comunicarme con ella de manera más abierta, y a compartir mis sentimientos y mis miedos. Me sentí como si hubiera encontrado una nueva conexión con ella, una que no estaba definida por el dolor trigémino.

La tensión real: la contradicción o lo que no pude resolver

La tensión real en mi vida con trigémino es la contradicción entre el dolor y la necesidad de mantener mi vida laboral. Me siento como si estuviera en una guerra constante contra el dolor, y no sé cómo ganar. Me pregunto si algún día podré encontrar una cura para el trigémino, o si siempre estaré condenado a vivir con este dolor. Me siento como si estuviera viviendo en una niebla de incertidumbre, y no sé cómo escapar. Me pregunto si la decisión de tomar la mitad de la dosis recetada fue la correcta. Me pregunto si debería haber seguido las instrucciones del médico y tomar la dosis completa. Me pregunto si el dolor sería menos intenso si tomara la dosis completa. Me siento como si estuviera en un laberinto de dudas y miedos, y no sé cómo encontrar la salida.

El cierre honesto: termina en lo real, donde estás ahora

Estoy sentado en mi escritorio, mirando la pantalla del ordenador. Me siento cansado, pero no dolorido. Me doy cuenta de que el trigémino es una parte integral de mi vida, pero no es toda mi vida. Me doy cuenta de que he aprendido a vivir con él, y que he encontrado maneras de controlar el dolor. Me doy cuenta de que mi vida laboral ha cambiado, pero que aún puedo hacer cosas que me gustan. Me doy cuenta de que mi relación con mi esposa ha cambiado, pero que aún podemos encontrar momentos de felicidad juntos. Me levanto de la silla y me acerco a la ventana. Miro afuera, y veo el sol brillando en el cielo. Me siento como si estuviera viviendo en un nuevo mundo, un mundo en el que el dolor trigémino es una parte de mi vida, pero no es todo. Me siento como si estuviera empezando de cero, y no sé qué pasará mañana. Pero por ahora, estoy aquí, vivo y consciente, y eso es todo lo que importa.

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